Adoctrinamiento

El reciente video de una docente agrediendo a un alumno y despotricando sobre política generó que se vuelva a hablar de «adoctrinamiento» en las escuelas, palabra que parece usarse de forma un tanto caprichosa para referirse a cuando un docente expresa (aparentemente sin importar las formas) su convicciones políticas.

Lo primero que entonces sería necesario aclarar es que agredir es ante todo agredir y no transmitir una doctrina, ergo, separar la inadmisible violencia (así sea verbal) en el aula de aquello que se expresa. Hecha esa salvedad, la del «como», hablemos del «que», pero no del «que» de éste impresentable caso sino de ese «que» comúnmente referenciado cuando se habla de adoctrinar en las escuelas, concepto que se usa sin mucho reparo tanto cuando se habla de ESI como cuando se habla de aquello a lo que cierto sector social limita el concepto de «política».

Resulta ser que una doctrina o «ideologizar la educación» no es una excepción llevada adelante por rebeldes o (como en el caso que dispara el presente artículo) una desubicada, sino la mismísima regla base de nuestra educación así hagamos de cuenta que aquello a lo que nos acostumbramos no constituye una doctrina.


En historia estudiamos (a grandes rasgos)  Asia menor, Egipto, las civilizaciones del mediterráneo, la edad media feudal, la «conquista» de América por parte de los españoles, revolución francesa, historia argentina. Esta ruta describe sin mucho disimulo una propuesta de historia del origen de nuestro pueblo: origen de las culturas occidentales en la mesopotamia asiática, la cultura egipcia que sería cuna del Yavhé judeocristiano, las culturas donde luego se afianzaría el cristianismo, el cristianismo y su llegada a América Eso, señoras y señores, es doctrina.

Es doctrina porque nunca se menciona que el culto a los muertos del mito egipcio es sospechosamente parecido al cristiano, que por respeto a la libertad de credo no llamaremos «mito» en el ámbito educativo (también doctrina), por lo que sería poco conveniente analizar parecidos entre el juicio de Osiris y el juicio de las almas para entrar al paraíso. Es doctrina porque al pueblo judío se lo barre debajo de la alfombra entre el 33DC y 1940DC, por 1900 años pareciera que no existieron. Es doctrina porque sólo a la pasada se habla del hecho histórico de las tribus nórdicas de Europa llegando a América, mismas tribus «bárbaras» que a diferencia de las «civilizadas» huestes europeas parece que no se les dio por arrasar el continente, a pesar de su inmensa superioridad tecnológica. Tribus bárbaras que no estudiaremos jamás más que como enemigos de las culturas del mediterráneo. Es doctrina porque del resto de Asia no hablamos salvo cuando un europeo se da una vuelta, como cuando Alejandro Magno llega casi hasta India y es doctrina porque nuestra mismísima división en edades jamás nos comentan lo poco que importan en la milenaria cultura china, que rastrea sus orígenes de historia escrita de forma estructurada hasta alrededor del 2500AC gracias al primer trabajo de investigación minuciosa y metódica de la historia realizado en semejante profundidad en el mundo algunos años antes de cristo; y si a alguien esto le parece menos que una hazaña, tengan presente lo poco que sabemos o se nos enseña de los pueblos precolombinos, de quienes a duras penas sabemos nombre y una página de texto, salvo quizás sobre los grandes imperios Maya, Azteca o Inca. Es doctrina porque se nos pinta a la Primera Junta como un grupete de amigos que toma el gobierno tras esa fiesta que fue el 25 de Mayo, donde los cabildantes «no se ponían de acuerdo», dejando de lado la tremenda disputa de poder que eso significó y como el detonante fueron dos «culatas» entrando a decir «voten (nuestra posición) o corre sangre» (así haya sido en términos más finos), mismos tipos que nos son enseñados como inocentes repartidores de cintitas (que si lo pensamos jamás hubieran merecido mención en libro de texto alguno de ser solo eso) en vez de como quienes eran: los capitanes de la «Legión Infernal», antigua milicia criolla formada para resistir las «invasiones inglesas» (que merecen un artículo aparte): Domingo French y Antonio Beruti, quienes luego no volverán a ser mencionados jamás a pensar de que si bien French vivió desde entonces de destierro en destierro y derrota en derrota, Beruti fue coronel en el Ejército de los Andes y murió viejo y deprimido porque tras su derrota junto al bando unitario en la batalla de Rodeo del Medio fue capturado, pero en vez de ser fusilado o enviado a prisión, como los otros oficiales, fue liberado inmediatamente por el general Pacheco en reconocimiento a sus servicios en las guerras de independencia. O sea, uno de nuestros pocos próceres que llegó a serlo en vida (recordemos a San Martín exiliado o Belgrano muriendo perseguido y en la pobreza) reducido a repartidor de escarapelas.

Pero no es sólo historia, los mapas que usamos usan la escala de Mercator que amplia el hemisferio norte y reduce la superficie de los países del sur, a la vez que magnifica a los cercanos a los polos. Nuestros planisferios más comunes son europocéntricos a diferencia de los utilizados, por ejemplo, en Asia. Hablando de continentes, aprendemos que son seis para luego perder tiempo en Internet discutiendo con estadounidenses por el gentilicio «americano» quizás sin siquiera enterarnos que diferentes países usan diferentes modelos continentales siendo el caso estadounidense el de no considerar a América un solo continente, razón por la cual para ellos ese gentilicio no aplica a continente alguno. Tampoco nos enseñan que si bien «billón» es un uno con doce ceros en la mayor parte del mundo, en EEUU y otros países angloparlantes es un uno con solo nueve ceros, ya que no usan como nomenclatura miles de millones; por cierto, no pocos periodistas publican barbaridades por traducir «billion» como billón. Doctrina también es nuestro calendario o esa barbaridad que nos enseñaban en la secundaria de la familia siendo la célula básica de la sociedad, implicando que el individuo per se es nada y nuestro objetivo de vida pareciera ser formar una «familia propia». También es doctrina cuando en las escuelas del cinturón de la biblia estadounidense se enseña la teoría pseudo científica del diseño inteligente de la vida (alias creacionismo) a la par de la evolución y es doctrina acá no mezclar, al menos en ese nivel, ciencia y religión.

Es doctrina formar técnicos pero no gente capaz de entender la lógica impositiva y abrir su propio negocio. Es doctrina centrarse en la capacitación laboral dejando al margen las artes o los deportes como actividades periféricas orientadas al ocio. Es doctrina que pensemos que el arte o el deporte no son actividades productivas, a pesar de ser probadamente las actividades que mayor crecimiento social permiten y aún cuando sólo poca gente alcanza semejante éxito, menos aún son los que lo logran como obreros en una fábrica.

Por eso, antes de decir que enseñar que las identidades sexuales son más de dos (no así los sexos biológicos) o la discusión política en el aula es «adoctrinar» repensalo: es en todo caso modificar la doctrina imperante o, en el mejor de los casos, cuestionarla, que es lo que debiéramos procurar si realmente nos molesta que se «baje línea» en las escuelas. Porque la enseñanza clásica evidentemente también transmite una ideología, la conservadora, y no cuestionarla es en si una doctrina, como también lo es la Coqui Peña enseñando en la escuela 4 que los varones nos portábamos mal (e imponiendo castigos colectivos por género) o hacer jugar al fútbol y basquet a los pibes y voley o jockey a las pibas, y si tantas cosas son doctrina debiéramos hacer que enseñar a pensar críticamente, a cuestionar, debatir y diferenciar opinión de dato también fueran doctrina, la doctrina de formar un pueblo pensante y emancipado de todo mandato a conveniencia del poder de turno tanto como de ese otro al que el turno nunca parece acabársele.

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NTETA
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