NTETA

No Todo Es Tan Así

Detrás del telón

Detrás del telón siempre hay magia, aunque no siempre de la que nos encanta. El texto que leyera en el Ramoneo de Viernes en No Todo Es Tan Así.
Joey Ramone

¿Cuántos estamos preparados para una repentina y descarnada muestra de realidad?
Y más aún, cuando en el exacto momento de la experiencia, sabemos que una parte nuestra está muriendo a manos de la violenta irrupción de lo verdadero. Cuando nos cuentan algo doloroso acerca de un ser querido, un mecanismo de defensa (o negación quizás) se activa para defendernos de esa verdad. «Tal vez no sea para tanto», nos podremos decir para aliviar la imagen. En este relato no hay alivio, sólo imágenes que ayudarán a poner en contexto un final anunciado.

¡RAMONEO DE VIERNES!

Como todos los viernes, desde hace años, programamos un bloque de 4 o 5 canciones de los Ramones en No Todo Es Tan Así. Homenaje, gusto personal y apoyo de la audiencia, todo se conjuga para que la banda esté al aire semanalmente. En la última edición, un oyente me compartió el extracto de lo que transcribiré acá, tal cual lo leí. Pertenece al libro del periodista Gerardo Barberán Aquino en su libro Ramones en Argentina, de editorial Gourmet Musical.

Los Ramones probaron sonido inmediatamente después de ese episodio. Como en la primera visita, lo hicieron sin Joey. Las voces las probó CJ su micrófono cantando Cretin Family, del nuevo disco, Adios Amigos, «Vi esa prueba de sonido desde todos lados, ya no sabía dónde ponerme», dice Cachorro Raggio, de Mala Suerte, que por entonces tenía quince años.

Cuando terminaron, el baterista de Cadena Perpetua salió corriendo ver si podía conseguir un autógrafo, pero no lo dejaron llegar al camarín que estaba pegado a la escalera que comunicaba directamente con el escenario. Cachorro seguía en el campo de Obras. para

-Pasaron todos pero faltaba Joey-dice Cachorro-. Entonces lo veo subir al escenario. Se dirige al micrófono que nadie había tocado, lo acerca a su cara y dice en tono muy grave: «UOOOOOH» ¡Y se va! Esa fue toda la prueba de Joey.

A esta altura, Ríos estaba solo en los pasillos de color bordó recién pintados de Obras. Su mirada estaba fija en la puerta del camarín de Ramones. La concentración apagó el sonido en su cabeza y Ríos entró en una ensoñación. Una luz apuntaba directamente a sus ojos. La visión se volvió borrosa hasta que comenzó a detectar una forma. Cuando la forma definió una figura gigante a contraluz, Gabriel supo que tenía delante a Joey Ramone. Para ser precisos, al Joey Ramone que nadie conocía.

-Se venía agarrando de las paredes, no podía caminar -dice Ríos, me quedé petrificado. Él me quiso esquivar y yo me corrí al mismo tiempo, entonces se cayó al piso.

Una estrella con más de veinte años de giras en una de las épocas más salvajes de la historia del rock; una bestia de dos metros de largo estaba tirada en el suelo, a centímetros de la puerta de su camarín, derribada por un chico de 16 años que lo miraba con impresión.

-Me pareció como una rata gigante recuerda Ríos. Los anteojos salieron volando, estaba todo despeinado y debajo de todo ese pelo oscuro se notaban las raíces totalmente blancas.

Para ese momento, Raggio ya había llegado al pasillo para ver al gigante caído. -Apoyó sus manos para levantar su cuerpo-dice Raggio— pero no lo

logró, se le vencieron los brazos y volvió a pegar la cara contra el piso. Entonces sucedió algo que hizo que la situación fuera aún más extraña: Joey, desde el suelo, comenzó a reír. Reía a carcajadas, la saliva caía de su boca y explotaba en el suelo. Le generaba risa su propio fracaso.

La imagen era absurda y patética. Revelaba mucho más de lo que los dos adolescentes que lo miraban atónitos estaban dispuestos a conocer. Las piernas de Joey quedaron en el aire; usaba unas zapatillas Reebok altas, con unos fierros atados a los tobillos con cinta adhesiva negra.

Eso era lo que no se veía desde abajo del escenario; el engranaje que permitía que Joey se sostuviera parado delante del público cada noche durante 75 minutos luego de toda una vida de heridas en los pies que terminaron por estropear y entorpecer su andar.

Finalmente, Gabriel le extendió su mano para ayudarlo. Como no podía levantarlo solo, dos encargados de seguridad alzaron a Joey y lo acompañaron hasta la salida de emergencia. Afuera esperaba la combi que lo llevaría de vuelta al hotel a descansar. Había un show que dar.

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