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No Todo Es Tan Asi

Hoy es irónico, pero mañana puede ser real

Todo comienza como una broma, hasta que llegan al poder. La nueva derecha reivindica a Menem y a Cavallo, y se adueña de la indignación.

La política estadounidense no tiene muchos puntos de contacto con la brasileña. El bipartidismo tradicional estadounidense está lejos de nuestro vecino, aunque la religión incide en las políticas de manera creciente. Lo que podríamos encontrar como amplia coincidencia es la construcción de un candidato de derecha, con un discurso disruptivo y provocador, que prontamente centralizó el debate y ocupó la escena. Mientras se daba la construcción y el ascenso, el resto de los sectores «consumía» el discurso de manera irónica. A cada declaración, un meme o un hashtag en las redes. Hasta que finalmente, la candidatura se consolidaba y ya era tarde para detener el ascenso. Trump y Bolsonaro son realidades que se instalaron para no abandonar el escenario político. ¿Y por estos lados?

La última encuesta de Zuban, Córdoba & Asociados muestra un escenario presidencial de tres tercios, en el cual Milei obtendría 30% de votos, los mismos que Cristina o Macri. Como se sabe, la mayor proporción de sus votantes son varones y jóvenes. En varios de los escenarios ensayados, el estudio revela que Milei es competitivo, que es una especie de fuga en diagonal hacia adelante y hacia la derecha. Dice Paola Zuban que, aunque esta tendencia es aún volátil, “Milei tiene potencialidad de crecer, mientras que los otros candidatos están muy cerca de su techo”. 

Las nuevas derechas tienen algunos rasgos novedosos: por un lado, como dice Pablo Stefanoni en su libro ¿La rebeldía se volvió de derecha?, estas expresiones políticas se muestran rebeldes, incorrectas, audaces, frente a una izquierda cada vez más timorata que solo piensa en conservar lo logrado. En la “disputa por la indignación”, dice el autor, las derechas llevan la delantera. Por otro lado, tenemos la percepción de que sus principales exponentes son personajes más o menos payasescos, excéntricos, exóticos, extravagantes, rozando a veces lo siniestro: no casualmente, Stefanoni comienza su ensayo haciendo referencia a un bufón de la cultura pop, el Joker de Todd Phillips. Ahí tenemos a Trump con su jopo, su bronceado y su modulación afectada; a Bolsonaro, fanático, bruto y violento; a Zemmour, torpe y provocador en partes iguales; a Milei, con su pelo enmarañado, su desborde, su physique du rôle. Como pasa con algunas publicidades más recordadas por el spot que por el producto que venden, parece que de todos ellos prevalecen sus caricaturas antes que sus rasgos originales. 

Esta presentación caricaturesca de lo político remite a lo que Martín Plot llama la política kitsch, “esa forma de relacionarse con las cosas, los objetos o los actos que busca obsesivamente el efecto; esto es, aquel tipo de estrategia que trata de reemplazar la indeterminada búsqueda de consenso por la más prudente actividad de contar narices”. En El kitsch político, publicado en 2003, Plot piensa el caso de Bush, pero bien puede leerse desde el presente. Como dice Martín Vicente, estudioso de las derechas, “ese tono marca distancias con las derechas tradicionales, sean los tonos marciales del nacionalismo o las posiciones flemáticas del liberalismo-conservador. Un reclamo de novedad que une lo estético-político con lo ético-político: lo auténtico, espontáneo –como el orden que propone Milei–, contra lo asentado y la casta”. 

Más cerca de Donald Trump que de Javier Milei, aparece José Luis Chilavert en carrera para la presidencia del Paraguay. La cercanía se explica porque el ex arquero siempre mantuvo un perfil alto, presente en redes, polemizando con políticos y expresando su discurso a voz en cuello. Fuerte, claro y de derecha. Ayer se conocieron declaraciones del ex futbolista paraguayo acerca de su admiración por Macri y Milei. Chilavert se refirió a su anhelo de gobernar su país, su visión del “populismo” en la región y el acercamiento con referentes políticos liberales de Argentina. Infobae pudo comunicarse con el ex Campeón del Mundo con Vélez y el arquero confirmó su empatía por los dirigentes argentinos: “Tengo buena relación no sólo con Milei y Patricia Bullrich, sino también con Mauricio Macri”.

¿Se puede pensar a las nuevas derechas sin ser solemnes ni alarmistas, pero tampoco irónicos? ¿Cómo sustraerse de la disputa por la indignación? Porque responder sin apelar a ironías, burlas o liviandad a cualquier tipo que cada día nota que laburando le alcanza menos, que se indigna con la falta de respuestas y los medios le ponen en la mira sólo a un responsable, es un desafío para superar.

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