NTETA

No Todo Es Tan Asi

(II) Historia, mito, tergiversación y relato.
Entre la propaganda estructurada, la deformación de la narración y aprovechamiento ocasional para armar un relato.

Alfredo Enrique Nallib Yabrán, el novelesco mito argentino. 24 años después, es desmenuzado a través de los recuerdos de un joven entrerriano de pueblo y un sociólogo oriundo de Entre Ríos... Segunda entrega por Gerardo Cabrera.

La introducción exigida. (Si no le gusta la sociología y antropología puede saltar la lectura e ir directamente “Lo que cuentan, lo que recuerdo de:”)
En la primera y ecléctica entrega (Lic. Luciana Fernández Blanco dixit), que les hice a modo de introducción, ex profeso introduje el concepto de mito en relación al relato. Aunque aparenta un menjunje ininteligible, les aseguro que tiene un porqué.

En el libro Mito y significado (1978) podemos leer algunos conceptos de Claude Lévi-Strauss sobre el origen-construcción del mito. No me voy a explayar sobre esa obra, pero si me obligo a mencionar algunas significaciones, coincidencias y distanciamientos con esa escuela de pensamiento.
La propuesta de estudio estructuralista del mito, es compartida. La concepción de primitivo, es de origen del relato. La agrafía que pone sobre el tapete hoy perdió vigencia, la influencia de las redes sociales, y la interacción del vulgo en cuestión de minutos crean relatos que de prevalecer se transforman en mitos. Así pues, tendremos los mitos primitivos estáticos, rescatados de la antigüedad y plasmados en libros. Mitos creados para una épica propagandística, algunos con una inocencia docente (el caballo blanco de San Martín), otros con malicia política (Goebbels, fascismo, nazismo, GOU)
Me distancio de la visión pura etnológica, por su alejamiento de la naturaleza. Deja de lado la cultura como producto del entramado instintivo al que llamamos inteligencia, en una atomización conceptual propia de las antiguas escuelas a las que critican y revisionan.
Hasta acá Gerardo el sociólogo.

Lo que cuentan, lo que recuerdo de:
Alfredo Enrique Nallib Yabrán, el novelesco mito.
Se cumplen este mes (20 de mayo) 24 años de la muerte del empresario.

Ya les conté en más de una oportunidad, que mis raíces y formación elemental son entrerrianas. Nuestra idiosincrasia dista mucho del humor cordobés. Pero tiene el engreimiento porteño, con la gracia del mote fácil y la broma petulante hacia todos y auto infringida.
Desde ese lugar debe leerse este relato, de un mito urbano muy argentino. En una cuasi primera persona, como si fuera un testigo omnipresente que vio de lejos y escuchó al pasar. Quizás a modo de ¿recuerdas dónde estabas en mayo del 98?

En aquellos años mis padres vivían en su natal Gualeguaychú. Los primeros “movicones” Tango 300 abultaban en las cinturas. Papá, que tenía el mal de creer en los vendedores de chiches nuevos, compró el suyo. Fue un mes de recibir muchos llamados. Me llamó para contarme que fue al campo y una vaca parió un ternero; toda su vida se la pasó asistiendo partos vacunos. Que estaba en la costanera y el río estaba bajo, o crecido o algo.
-Acá estoy con tu madre. Recién almorzamos. Vieja, es Gerardo ¿Querés decirle algo? – El chiche de papá no descansaba.
Hasta que un día tenía una novedad para contarme, no se aguantaba. Con su acostumbrado sarcasmo,
– Escuchame una cosa, Uds los porteños –le encantaba decirme así- ¿Todavía lo están buscando a Yabrán?
-Andá a saber dónde está escondido…
-Está acá, en la estancia que se compró.
-Dejate de joder papà ¿Vos como sabés?
-Me lo crucé a fulanito, el puestero. Lo conozco de Aldea San Antonio. Estaba comprando… Me dijo que está desde hace días.
-Pero si te contó a vos, se va a enterar la policía. Medio bol…
-¡Pero mijo! Bol… Uds los porteños –y dale que va…- acá lo sabe todo el mundo.

Gualeguaychú y localidades aledañas, se comportan para los habitantes “de toda la vida” como un pueblo chico. Todo se sabe, todos lo saben, pero se cuenta en voz baja. No se vocifera, se cuenta en secreto, pero gesticulando mucho, y agregando bastantes ademanes. Si el lector es de tierra adentro, sabe a lo que me refiero.

En aquel momento trabajaba en Haedo. Al día siguiente de la charla con papá, almorzaba con mi flamante jefe, un porteño originario, y otros colegas: En la informalidad de la charla se tocó el tema del momento: Yabrán
Las elucubraciones, fantasías, suposiciones, iban, venían, sobrevolaban y quedaban suspendidas en una mesa muy masculina con información de titulares de diarios, y comentarios de periodistas opinólogos de la TV. Hasta que mi flamante y efímero jefe, en un acto estereotipado de su especie, dijo:
– Tengo información. Me la dio mi primo que es amigo del cuñado del hermano de…. me dijo que Yabrán se fue del país por Paraguay y está en… -no recuerdo que extraño y paradisíaco destino. Si que me salió ese entrerriano que llevo siempre atando en el fondo de mi alma.
-Dejate de hablar pavadas. Yabrán está en la estancia San Ignacio. Lo saben, los policías, los jueces ¡el planeta entero hermano!
-Jaja. ¿Y vos de donde sacás la información?
– Me lo contó mi viejo – Las burlas fueron generalizadas.

Al día siguiente, 20 de mayo de 1998, muy pálido, este jefe de nombre olvidado, y conservando una distancia física considerable me lanzó una serie de preguntas y comentarios
-Lo encontraron a Yabrán. Estaba en ER como vos dijiste. En un campo como vos dijiste. ¿Vos sos de la SIDE? ¿Cómo sabías? Esas cosas las conoce solo gente peligrosa. Perdoname, pero yo voy a tener que informar a los de “arriba”.
Creo que lo envié a esos lugares donde la gente de trabajo manda a los peleles.

Sucedieron algunas cosas graciosas luego. Preguntas de un gerente de operaciones de cómo obtenía información y otras cuestiones. Agradecí mi suerte, pues algunos de mis interlocutores eran del interior, y se reían de las acusaciones del tonto, que pretendía mi despido inmediato “por la peligrosidad que encarna”.
Lo recuerdo y pienso “esta gente vota”

Vamos a la construcción del mito.

Si, Yabrán se suicidó. No importa que publique el periodismo mitológico, amarillista y llenador de espacios. ¿Cómo lo sé? Al viajar a mi provincia compartí algún evento social, con personas que participaron en los operativos. Pueblo chico, infierno grande. Si alguien dice que tiene un millón en el banco, siempre hay un bancario que le cuenta a su mamá si es verdad o no. (mamá=la punta del reguero de pólvora)
Durante los acontecimientos de búsqueda, localización y suicidio de Yabrán, se emitía una novela por canal 9 de Buenos Aires, Ricos y famosos. Uno de los personajes era interpretado por el actor Oscar Ferreiro. Aprovecharon alguna similitud física con Yabrán para recrear a un empresario mafioso que para evitar ir preso usaba a un hombre igual a él, un casi gemelo, para que ocupe su lugar y poder escapar con los millones. Eso, sin dudas, disparó y alimentó la leyenda urbana que gustan creer los lectores de titulares, y seguidores de periodistas que inventan noticias.

Datos formales e informales.
Uno de los argumentos empleados por el periodismo para poner en duda la posibilidad de suicidio, es que usó una escopeta. Según “los grañas” de la tele, es imposible por el largo de esta. ¡Pero claro! La gente toma las escopetas por la culata para matarse y no por la cola del disparador que está a 65 cm.
La publicación de una foto borrosa, al estilo monstruo del Lago Ness, supuestamente de cuba, con el perfil granulado de un tipo en sunga.
La publicación facsímiles de un testimonio del acta de defunción, con supuestos errores, enmiendas y tachaduras por parte de un diario mendocino. Presentaron a sus lectores una imagen de un documento mecanografiado. Los “andinos” de la tele se escandalizaban con esa evidencia. En ese momento las actas en los registros civiles entrerrianos se llevaba en libros, en forma manuscrita. La copia que está en la causa (ya cerrada) tiene ese formato. La “prueba” periodística es una transcripción mecanografiada, en que el funcionario del registro copió mal.
Yabrán tenía un teléfono satelital y se registraron llamados después de muerto, seguían gritando en las pantallas a la hora de la cena. Me contaba mi mamá que uno de los empleados del juzgado, habló con su familia porque estaba asustado. Como nunca había visto un teléfono así, se le dio por hacer un llamado. Resulta que la madre del tontito curioso, era cliente del negocio de mi madre. Nuevamente lo de pueblo chico.
¿Se imaginan la cantidad de personas que se requieren para simular un suicidio?
Yabrán se disparó cuando la policía ingresaba a la estancia. Estaba solo en el baño. Las huellas digitales del cuerpo coinciden con las del registro civil de las personas y el de la Policía Federal de cuando se emitió la cédula. El personal pericial que trabajó en el lugar, es de planta estable y muchos son vecinos de la zona. Mi tía quiso ocultar su embarazo en el altar y debajo de las mantillas los dedos sacaban cuentas. Andá a esconder un culebrón en mi pueblo.
Dato, la angustia de la hija menor en el momento que el féretro, con el cuerpo de Yabrán fue sepultado en Pilar. Las visitas posteriores a la tumba. Eso no se simula. Al menos no se mantiene en el tiempo, y el dolor se les notó.
El suicida dejó cuatro cartas. Tienen la estructura y las formas sintácticas de un suicida.
Las denuncias que realizó el entonces ministro Cavallo en aquella maratónica sesión de once horas, en la que consignó a Yabrán como un capo mafioso, fueron disueltas ante un juez con las consiguientes disculpas. Dejando en evidencia que Yabrán quedó en medio de una lucha de poder entre Menem y Duhalde.
La noticia de que una escribana en California fue visitada para una certificación por Yabrán, luego de muerto, impactó y revolucionó las redacciones. Luego se supo que una persona con datos, vendió una propiedad de Yabrán en EEUU haciéndose pasar por él. La huella digital en los registros notariales no era la del occiso.
La muerte de Yabrán fue suicidio. Ese es un dato certero, sin cuestionamientos ni dudas. No hay evidencia consistente, lógica e inteligente en contrario.
Comparto y suscribo totalmente lo expresado por el periodista Raúl Kollman en su nota titulada “El Tarado” en Página12 del 10 de julio da 2002, Recomiendo su lectura. También la de La Nación “Un entierro en el que faltaron viejos amigos” del 22 mayo de 1998.

El relato, es en nuestros días, es una mentira que todos conocen y reconocen. Los partidarios de quienes la esgrimen, a sabiendas la defienden en grupo, en banda y en los medios. Pero a solas, lo admiten. La reiteración de las falsedades es integrada en la cultura como mito. Los más incautos, como mi ex jefe, son el caldo de cultivo.

Prometo para la próxima entrega, algunos mitos de la historia. No tendremos la producción de MythBuster, pero si nos leyeran Adam Savage y Jamie Hyneman, seguramente afirmarían convencidos que NO TODO ES TAN ASÍ.

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