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No Todo Es Tan Así

La independencia argentina y los medios independientes de ayer, igualitos a los de hoy…

Mes de la Independencia, llegarán miles de palabras, regueros de tinta, bits y otras yerbas sobre el tema, así que aquí no podíamos ser menos y quedarnos al margen. El Profe Ariel Núñez vuelve para contarnos de aquellos momentos.

En el mes de la Independencia, llegarán miles de palabras, regueros de tinta, bits y otras yerbas sobre el tema, así que aquí no podíamos ser menos y quedarnos al margen de todo, especialmente porque resulta cómoda la obviedad del tema y la cierta facilidad de tratarlo… es decir, en otras palabras, no vamos a trabajar mucho en esto de ser originales, principalmente porque no nos gusta trabajar, menos un feriado… ¿no?

El proyecto más vapuleado –una vez declarada la independencia- fue el de la monarquía incaica, juzgado por la historia oficial como absurdo y sin base real: “…extravagante en la forma e irrealizable en los medios (…) tenía su razón de ser en la imaginación y no en los hechos, que a veces gobierna a los pueblos más que el juicio”, escribió Bartolomé Mitre.

Aunque con distintos enfoques, no son precisamente indulgentes en sus apreciaciones con respecto a quienes apoyaron el establecimiento de un rey. El historiador José Luis Busaniche en su Historia Argentina (1973) luego de criticar duramente a los diputados que integraron el Congreso de Tucumán, al juzgar las tratativas monárquicas de Belgrano y Rivadavia en Europa las califica de «desgraciadas y absurdas» y de «descabellada empresa fruto de una diplomacia extraviada».

Párrafo aparte merece el juicio de Enrique de Gandía quien, en la “Historia de las ideas políticas en la Argentina” (1960) se manifiesta abiertamente a favor de la corriente monárquica y se opone al criterio de quienes la creyeron «una utopía, una imaginación, una simulación o un despropósito» No, según su pensamiento, es lamentable que quienes impulsaron esos proyectos «inteligentes y sabios» no pudieran alcanzar su objetivo porque de haberlo hecho muy otra sería la situación actual de la América española. Esta es su sorprendente, temeraria y optimista conclusión. Pero como bien se sabe, no se puede hacer historia en base a supuestos y el famoso “que hubiera ocurrido sí…”

No fue la misma la posición adoptada frente al monarquismo por la otra gran figura de la historiografía oficial argentina de fines del siglo pasado y rival de Mitre en célebre polémica: Vicente Fidel López -nada más y nada menos que el hijo del autor del Himno, algo así como el Julian Lennon de nuestros tiempos-., que aparentando una mayor comprensión de los hombres y del momento histórico, si bien piensa que el plan de coronar al Inca es un desatino, no ve como criticables las gestiones a favor de una monarquía liberal ya que juzga que en ese momento esa era la única forma de gobierno que aseguraba las libertades del hombre dado que la república era aún poco confiable visto la luctuosa experiencia francesa y el aún inmaduro proyecto norteamericano.

Ojo, que Don Vicente tampoco es santo de mi devoción, pero aun así no deja de resultarme “simpática” su posición; lo que lleva a la siguientes preguntas -como tantas veces lo hago y sin darme cuenta si estoy siendo reiterativo, inteligente por equivocación o de puro curioso-, si esto fue así, ¿por qué obtuvo el apoyo de la mayoría de los congresales de Tucumán y de gran parte de la población del norte de las Provincias Unidas? ¿Por qué se dedicaron tantas sesiones del Congreso a debatir este tema? ¿Cómo entender que contaba con el apoyo de San Martín y Güemes, entre otros líderes de la época? Si la instauración de la monarquía inca contó con el apoyo popular en la región de los pueblos de los Andes meridionales y del resto del Alto Perú. Si hasta los revolucionarios de Mayo (entre ellos Belgrano) llevaron a cabo una política particular en defensa de los derechos de la población indígena, desarrollada en un contexto político-cultural donde el “incaísmo” se encontraba permanentemente presente. Por último, consideramos que la monarquía inca fue la alternativa política que Belgrano, Güemes y San Martín consideraron viable para evitar la disgregación territorial –a partir de un modelo de centralización del poder– y la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto de las provincias, ya que la capital del nuevo Estado estaría emplazada en el Cuzco; cuestión está por demás decir, inviable para la burguesía portuaria porteña, que no tendría el más mínimo reparo de destruir e intrigar contra la posibilidad de la Patria Grande, si ésta le hace perder los privilegios de su monopolio comercial.

Emilio Ravignani, en la “Historia Constitucional de la República Argentina” (1930) hace un equilibrado análisis de las tendencias que rivalizan en el Congreso de Tucumán buscando las causas del antagonismo entre los principios de unidad nacional y confederación y encuentra que mucho tiene que ver en ello la diversidad topográfica y sus consecuencias étnicas y culturales y la evolución que llevó al fortalecimiento de las provincias y por lo tanto al del federalismo.

Con el proyecto de restituir a la Dinastía Inca intentó conjugar un proyecto político que se adecuara a la situación internacional pero que también respondiera a las necesidades de las provincias: que contara con una base popular, centralizara el poder para evitar conflictos civiles y la disgregación territorial y evitara que Buenos Aires hegemonizara el proyecto de organización nacional. En este sentido, proponer la capital en el Cuzco, resultaba un punto clave de la propuesta realizada y una locura total para los porteños, ya lo dije antes, lo volveré a repetir las veces que hagan falta, para que comprendan que la política porteña hará lo posible para que nada se escape a sus garras monopólicas y más si existen no solo intereses político, sino fuertes intereses comerciales.

Pero ojo, nada es nuevo bajo el sol y menos si este sol es inca, es por eso que les recuerdo que existe un antecedente importante vinculado al proyecto de conformar una monarquía incaica en Hispanoamérica a finales del siglo XVIII, y a tal fin les dejo una cita que hace referencia a dichos proyectos:

(…) La idea se había gestado entre los intelectuales americanos en Europa en la década de 1790, cuando se empezaban a difundir los primeros aires revolucionarios. Surgido de las conferencias que Francisco de Miranda sostuvo con William Pitt en Hollwood, en 1798, el “plan del inca” fue descrito por el venezolano en una carta al presidente norteamericano John Adams, en que explicaba que la forma de gobierno proyectada para América sería “mixta con un jefe hereditario del Poder Ejecutivo bajo el nombre de inca y que quiero sea tomado de la misma familia dinástica”; un Senado compuesto de familias nobles pero no hereditarias, una Cámara de los Comunes elegida entre los ciudadanos que sean propietarios…” (1)

Cuando promediaba 1816, más exactamente entre los meses de septiembre y diciembre, tuvo lugar la polémica entre los periódicos porteños, especialmente entre El Censor y La Crónica Argentina, con respecto a la propuesta de Belgrano de establecer en América del Sur una monarquía moderada sobre la base de la entronización de un descendiente de la extinguida dinastía incaica.

Todo comenzó con la publicación en El Censor Nº55 de las proclamas realizadas ante sus respectivas tropas, en el norte, por los prestigiosos jefes Martín de Güemes y Manuel Belgrano. El primero de ellos en su carácter de coronel de caballería de los ejércitos del Estado, Comandante General de la Campaña y Gobernador Intendente de la Provincia de Salta, desde Jujuy, el 6 de agosto de 1816 pronunció una fogosa proclama para alentar a sus compañeros de armas en la unión de la lucha contra los «ambiciosos amagos de la tiranía» ahora que “(…) llegó el momento feliz de ver decretada y sancionada nuestra suspirada independencia por un cuerpo soberano representativo de las provincias de la unión [ … ] (que) Ha arrancado de raiz esa horrorosa anarquía que nos desolaba y que ha sido el origen de nuestros infortunios reynando en su lugar la concordia y la más inalterable armonía…” (2)

Es el momento entonces, a su juicio, de redoblar los esfuerzos para terminar con los enemigos interiores y exteriores que ponen en peligro la libertad conseguida. Agregando:

«(…) Si estos son los sentimientos generales que nos animan, con cuánta más razón lo serán cuando, restablecida muy en breve la dinastia de los Incas, veamos sentado en el trono y antigua corte del Cuzco al legítimo sucesor de la corona?…” (3)

Para La Crónica Argentina, el haber hecho esos jefes esas manifestaciones en momentos en que se acababa de declarar la independencia de las Provincias Unidas equivalía «a clavarles un puñal en el corazón, acivarándoles (sic) todo el placer que debía producirles tan interesante jornada y hacerles perder aún las más remotas esperanzas de felicidad…” (4)

Señalando a continuación Pazos Silva a los dos responsables de ese atentado contra el interés general. Uno es el editor de El Censor, porque si bien es cierto, lo reconoce Pazos Silva, que el Ayuntamiento en agosto ha dado la orden a ese periódico de que ilustrara «la forma de gobierno más conforme con nuestras costumbres, nuestros usos y principios», el periódico El Censor se ha excedido en sus atribuciones al elaborar ese «discurso lleno de equivocaciones y paralogismos, como queriendo allanar insensiblemente el paso para descender a persuadir sin repugnancia el establecimiento de una Monarquía…” (5)

Como así también acusa a Valdés de haber incurrido en una conducta por lo menos sospechosa al haber publicado las proclamas y la carta de J.G. (Pazos Silva afirma que tras esas iniciales se escuda Manuel Belgrano, lo que me lleva a pensar que Don Pazos Silva tenía muchos errores ortográficos, porque me parece que J.G. nunca pueden ser las iniciales de Manuel Belgrano) en momentos en que el Congreso estaba decidiendo la forma de gobierno a adoptar, siendo que esta última, por ejemplo, databa de varios meses antes.

Pero más graves son los cargos contra los autores de las proclamas y en especial contra Belgrano. Al respecto, en réplica a Amador Verón que en una carta remitida del Tucumán publicada en El Censor defendía a Belgrano diciendo que como ciudadano, “(…) como un político ha discurrido sobre lo que más nos conviene: ¿a quién ha ofendido? ¿Quién se lo ha prohibido? ¿En cuál de nuestros códigos está escrita la ley que ponga a los que vistieron el hábito militar en el último lugar y les prohíba explicarse sobre la materia antes que haya abierto su opinión el último haragán?…” (6). Pazos Silva por el contrario argumenta: “(…) Si el general Belgrano la expidió (la proclama) como General, se mezcló en lo que no debía; si como ciudadano cometió también irregularidad, porque los particulares no proclaman a los soldados…” (7)

Además, el editor de Crónica Argentina encuentra muy criticable el hecho de haber publicado su carta en El Censor (no acepta la manifestación de Valdés de que ha retenido el escrito desde marzo hasta septiembre) en el momento en que tenía un ejército a su mando. Expresa: «Quando el General Belgrano escribió la carta […] entonces venía bien opinar con libertad, con franqueza y con la serenidad propia de un ciudadano. No había aún Congreso; el general no tenía soldados: por consiguiente, su opinión estaba libre […] Pero ocultarse entonces y esperar a correr el velo quando tenía bayonetas con que imponer, podrá no hay duda, podrá ser inocente, pero nadie dudará que es paso con justicia alarmante y digno de la más rígida atención…” (8)

Para La Crónica Argentina es «insensato» –bah, más que eso es lapidaria, entonces, la opinión acerca del posible candidato descendiente de los incas- elaborar un proyecto sobre la base de la elección de un futuro monarca, más aún cuando el elegido es el descendiente de una dinastía autóctona prácticamente extinguida siglos atrás sin dejar descendientes notorios. Aquí Pazos Silva acentúa las tintas al entrar a describir el perfil que a su juicio seguramente debe tener el incaico candidato al trono, al que califica de “(…) Rey de burlas hechura de nuestra irreflexión y del capricho, un Rey que lo sacan acaso de una choza o del centro mismo de la plebe (que) no es bueno sino para adornar un romance o para la comedia…” (9)

Perteneciente además “(…) a una dinastía que ningún derecho tiene para reinar entre nosotros y que habiendo dexado de existir hace más de 300 años como casa de Príncipes, apenas ha dexado vástagos bastardos sin consideración en el mundo, sin poder, sin opinión y sin riquezas…” (10)

(…) Qué derecho tenían los indios para ligarnos a su Monarquía quando somos una raza nueva y separada; y quando la línea de los deberes y pactos desde Manco Capac a los americanos blancos está evidentemente cortada…” (11)

“¿Se conformarán con ella Chile, el Paraguay, la Banda Oriental y todos los demás pueblos que tan abiertamente se han declarado por la federación…? ¿Pondrá fin a las discordias intestinas? ¿Se destruirán nuestros enemigos? ¿Aumentarán nuestros recursos? ¿Será este un resorte para revivir el espíritu público y excitar el patriotismo extinguido?” (12)

Mientras tanto, por su parte Belgrano, por entonces general en jefe del Ejército Auxiliar del Perú con asiento en Tucumán, pocos días antes, el 27 de julio luego de que las tropas juraran la independencia, también emitió una breve proclama en el curso de la cual manifestó su propuesta de coronación incaica, que era algo más que una postura política, estaba arraigado en la idiosincrasia de la época, de la cultura y cotidianeidad de los tiempos de la independencia…

Pero no solo en proclamas nos topamos con posturas políticas, sino también en la cultura política de la época, donde tropezamos en forma permanente referencia a los símbolos incaicos, que constituye lo que se puede denominar “incaísmo”. Durante la gesta revolucionaria, el escudo nacional fue diseñado por Juan de Dios Rivera, de nombre incaico Quipto Tito Aphauti Concha Túpac Huascar Inca. Era oriundo de Potosí, donde se dedicaba al grabado en metales. Cuando estalló la sublevación de Túpac Amaru huyó de la cruel represión hacia Córdoba y luego a Buenos Aires.

Así nació el sol naciente, símbolo inca que formó parte del emblema nacional. La tradición incaica también se hizo presente en otros símbolos: sellos, monedas, en la bandera y en el himno, que también fue escrito en castellano y en quechua; es más, les traigo al recuerdo un fragmento del Himno cantado en tiempos de la Asamblea, Marquita Sánchez y las tertulias de piano porteñas…

Se conmueven del Inca las tumbas

Y en sus huesos revive el ardor,

Lo que ve renovando a sus hijos

De la patria el antiguo esplendor

¿No lo veis sobre Méjico y Quito

arrojarse con saña tenaz?

¿Y cuál lloran bañados en sangre

Potosí, Cochabamba y La Paz?

En este contexto, la propuesta de Belgrano fue considerada y ampliamente debatida en numerosas sesiones secretas de julio y agosto del Congreso de Tucumán. El presbítero Manuel Antonio de Acevedo, diputado catamarqueño, se declaró a favor y propuso que la Capital se emplazara en Cuzco. También el diputado José Mariano Serrano, de Charcas, adhirió al proyecto por “conciliar la libertad de los ciudadanos y el goce de los derechos de los hombres libres con la salvación del territorio de la lamentable crisis vivida”. Asimismo, recibió el apoyo de los altoperuanos Mariano Sánchez de Loria, José Andrés Pacheco de Melo, de Pedro Ignacio de Rivera por Mizque, del catamarqueño Pedro Ignacio de Castro Barros y del tucumano José Ignacio Thames.

Esto nos deja en claro, que eso del monarquismo era algo bastante común… y aquí podría hacerles una pegunta de repaso… ¿Cuántas repúblicas existían en tiempos de la Independencia?… puedo responderles, pero calculo que ya lo han dilucidado ustedes, así que dejo espacio para la respuesta

Respuesta: …………………………………………………………………………………….

Ah… y como les decía antes… En su rol de Jefe del Ejército del Norte, Belgrano contaba con un espacio privilegiado para poder comunicarse con los pueblos del norte. Hemos mencionado la diversidad de la conformación de las fuerzas militares revolucionarias y la relación que el creador de la Bandera tenía con todos ellos: soldados blancos, mestizos, de origen gaucho e indígena. El 27 de julio realizó una ceremonia para celebrar la Independencia y arengó allí al pueblo en armas hablando de los beneficios de la restitución de la Casa de los Incas. Allí sostuvo:

He sido testigo de las sesiones en que la misma soberanía ha discutido acerca de la forma de gobierno con que se ha de regir la nación, y he podido discurrir súbitamente a favor de la monarquía constitucional, reconociendo la legitimidad de la representación soberana en la casa de los Incas, y situado el asiento del trono en el Cuzco, tanto que me parece que se realizará este pensamiento tan racional, y tan noble y justo, con que aseguraremos la loza del sepulcro de los tiranos…” (13)

Traigo a cuento todo esto de los medios, para que no olvidemos nuestra historia y vayamos más allá del Calendario Escolar, para no caer en lo reiterativo –que creo que de manera contradictoria caigo yo, porque ya lo cité alguna vez, pero mal no viene, menos en esta fecha-… hagamos como dice el Negro Dolina: “miremos a nuestro lado y no tanto al espejo”, porque posiblemente al no hacer eso, vamos a caer en el eterno error de creer que somos rubios, descendientes de europeos escandinavos y que no tenemos tanto que ver con “Nuestros paisanos los indios” –como decía Don José de San Martín- y quizás algún día, de no recordar esto, posiblemente estemos escuchando nuevamente las “disculpas del caso” a un sucesor o sucesora (no nos olvidemos de las Infantas de Borbón) del “Deseado” Fernando VII: “…hoy estamos todos movilizados con los gobernadores que estuvimos ahí dentro asumiendo compromisos de futuro y tratando de pensar y sentir lo que sentirían ellos en ese momento. Claramente, deberían de tener angustia de tomar la decisión, querido Rey, de separarse de España…” (14)

Palabras para aclarar: no me olvidé de la 2da parte de “muertos que vos pisas” o algo así se llamaba; me cuesta la foto, eso de tener que concurrir a una iglesia me da ciertos resquemores, no soy muy asiduo visitante de templos, menos en estos tiempos en que están cerrados por “miedo a robos” o por pedidos descabellados de “La Libertadores es mi obsesión”… “Este es tu mundial Lio…” o “si no me llevo historia prometo que…”

Hasta la próxima, si me siguen soportando…

Salute…!

  1. Majluf, Natalia; “De la rebelión al museo: Genealogías y retratos de los incas, 1781-1900”; Ed. Lima: Banco de Crédito del Perú, 2005; página 266
  2. El Censor Nº 55, 12 de septiembre de 1816, p.2 (Vlll-6862)
  3. Idem p.3 (Vlll-6863)
  4. La Crónica Argentina Nº 17, 22 de septiembre de 1816, p.1 (Vll- 6305)
  5. Idem p.2 (Vll-6306)
  6. El Censor Nº 65, 21 de noviembre de 1816, p.2 (Vlll-6934)
  7. La Crónica Argentina Nº 27, 23 de noviembre de 1816, p.3 (Vll- 6379)
  8. Idem Nº 29, 30 de noviembre de 1816, p.4 (Vll-6392)
  9. Idem p.2 (Vll-6306). Al respecto, Narciso Binayán Carmona en un artículo publicado en La Nación del 15 de junio de 1958 ti tu lado Sobre el plan de coronación del Inca en 1816, critica la campaña que en contra de esa dinastía realizó «el mestizo paceño Pazos Kanki tal vez por el odio de su sangre colla contra sus antiguos conquistadores quichuas o más probablemente por «snobismo» de mestizo, para luego afirmar: «Se equivocaba Anchorena y se habían equivocado antes los otros detractores persistiendo en esta actitud racista no muy democrática en un estado como el exVirreinato que contaba con un 50% de indios puros. En primer lugar se equivocaba porque podían encontrarse fácilmente descendientes de los Incas, ya blancos, y con una posición importantísima e influyente, y en segundo porque vivían varones indios de la dinastía incaica en muy buena situación social y económica. Entre los primeros se pueden recordar, por citar solo a algunos a Artigas y a Valentín Gómez (séptimo y octavo nieto, respectivamente de doña Beatriz Tupac Yupanqui, mujer de Pedro Alvarez Olguín); a los hermanos Carrera (octavos nietos de doña Bárbola Coya Inca, mujer de Garci Díaz de Castro); a José Matías Zapiola y a doña Bonifacia de Léxica, cuñada de Anchorena (octavos nietos de doña Inés Huaylas Ñusta, mujer de Francisco de Ampuero). También subsistía una dilatada sucesión, residente precisamente en Tucumán, de la misma princesa antepasada de los Carrera. Entre los segundos, los de la «casta de chocolates», no hubiera sido necesario quitar ningún andrajo a hombres como el doctor Justo Apu Sahuaraura Inca, diputado, canónico de la Catedral del Cuzco e historiador o como el doctor José Domindo Choquehuanca, igualmente diputado y autor del primer trabajo peruano sobre estadística, ambos descendientes legítimos de los Incas, es decir no «cholos bastardos de Huayna Capac» como los llamó el padre Castañeda… «.

Además hay que recordar que cuando el Director Supremo Posadas recibió la noticia de la restauración de Fernando VII, decidió enviar en misión diplomática a Europa a Bernardino Rivadavia y Manuel Belgrano. Se los autorizaba a negociar la independencia política solicitando el envío de emisarios a Buenos Aires; pero también se contemplaban otras opciones, se los instruyó de aceptar la incorporación a la corona de España con garantía de gobierno propio o aceptar a un infante como Rey, pero con reconocimiento de la independencia. Si fracasaban en España debían buscar apoyo en Inglaterra, Rusia, Francia o Alemania. Rivadavia, además, contaba con un pliego que no debía mostrar a su compañero, en el cual se le ordenaba intentar «lograr un protectorado de una gran potencia, que asegurase la existencia de instituciones liberales y que asegurara el restablecimiento del anarquizado orden social». En su estadía en Río de Janeiro, los emisarios rioplatenses dejaron satisfecho al ministro Strangford, quien les permitió continuar su viaje a Inglaterra en marzo de 1815. Mientras tanto, en Buenos Aires, Posadas fue reemplazado por su sobrino Carlos de Alvear, otro representante de los comerciantes porteños. Pero la posición de Inglaterra había dado un vuelco: una facción del gobierno inglés apoyaba decididamente la restauración del absolutismo español en América. Las relaciones anglo-españolas se habían reestablecido con la firma del Tratado del 5 de julio de 1814, según el cual España le otorgaba franquicias comerciales a los ingleses. Cuando Rivadavia y Belgrano arribaron a Londres se encontraron con que allí no eran bien recibidos por los funcionarios de la corona. Fracasada la misión, Belgrano regresó en 1815 al Río de la Plata con dos ideas firmes: había que declarar la independencia y que la única forma de que en Europa reconocerían a un nuevo Estado era que este fuese una monarquía. Cabe destacar, además, el antecedente monárquico de Belgrano cuando, sucedida la invasión francesa a España, participó de la facción llamada “carlotista”, que buscaba coronar a Joaquina Carlota.

  1. Idem; p.2 (Vll-6306)
  2. Idem; p.5 (Vll-6339)
  3. La Crónica Argentina Nº 17, p.4 (Vll-6308)
  4. Espasande, Mara; “¿Un Inca como rey? Orígenes, gestación y base social del proyecto de la monarquía incaica de Manuel Belgrano” en “El legado de Manuel Belgrano” / 1a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Universidad de la Defensa Nacional, 2020; páginas 297 y 298
  5. Casa Rosada. Presidencia Mauricio Macri; “Palabras del presidente Mauricio Macri en el acto por el Bicentenario de la Independencia en Tucumán”; Sábado 9 de Julio de 2016

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