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No Todo Es Tan Asi

Los Ministros y Magisterios… de ayer, de hoy y de siempre…

Un viaje hasta Bernardino Rivadavia, los que construyeron su imagen y lo que destruyó su accionar. Una columna que no pide permiso para patear clichés de nuestra historia.

Barrionuevo será recordado en el imaginario popular por sus frases célebres. “Habría que dejar de robar por dos años” y “en este país nadie hace la plata trabajando” son las más famosas. Pero hay otras definiciones no tan conocidas que también brillan. “Yo soy el conductor de la barra brava. Ahora los hinchas de Chacarita andan con la Biblia bajo el brazo”, se jactó. Barrionuevo instaló una calesita en la esquina de su casa. “La pusimos para todos los chicos. Lo que también es cierto es que mi hijo saca siempre la sortija”, sonrió.

(Página 12 – Lunes 6 de enero del 2003)

En la Antigua Roma, en tiempo de los Reyes Sabinos y Etruscos (Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Anco Marcio, Lucio Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio… el decir esta lista de corrido me convertiría en el profesorado de Historia del 15 de Campana en un potencial “hijo putativo” de la entrañable “Yaya” Vallejos), un magistrado era un cargo público elegido por algún tipo de asamblea; la raíz de la palabra es “magis”, es decir “más”, lo que implicaba la posición de cierta superioridad del magistrado. ¿Por qué “más” ?, hay que tener en cuenta que de “magistri” proviene la palabra Magisterio, que eran los que enseñaban en casa a los hijos de los romanos, normalmente eran los esclavos o libertos de origen griego, por ser muy cultos, según consta en la Historia de Roma de Indro Montanelli de 1909… lo que también nos puede dejar la reflexión que, para muchos, los docentes somos algo así como esclavos o libertos que no merecemos mucho más de lo que ganamos… (Perdón… ¿lo dije o lo pensé?)

El opuesto a magister es minister, “subordinado”, que procede del adverbio (que –si mal no recuerdo mis clases de primaria con la Señorita Ana Acosta, en la vieja Escuela 35- son palabras que indican las circunstancias en las que se realiza una acción o un hecho del que se está hablando) “minus”, es decir MENOS.

En esos tiempos, todas las magistraturas romanas poseían rasgos comunes, entre los que se destacaban que NO SE COBRABA POR DESEMPEÑARLAS; eran puramente honoríficas y quienes aspiraban a ellas gastaban bastante dinero en la campaña electoral, que hoy le llamaríamos “pauta oficial”; pero por lo visto sería bastante oneroso llegar a ocupar una magistratura.

Otra característica era que duraban 1 año, por oposición al gobierno vitalicio de los reyes, los censores y el dictador que tenían otros tiempos; también las mismas eran colegiadas, para que ninguno monopolizara el poder en el cargo…

Por lo visto, el significado de las palabras suele cambiar mucho con el tiempo, y hasta se podría hacer un comentario ingenioso sobre el sueldo actual de los magistri, es decir, los maestros y los ministri, los ministros… Creo que a unos cuantos se les caería la cara de “Soledad Acuña” cuando comienza esa seguidilla de críticas, trolleadas y demás yerbas cuando se trata de las paritarias docentes y “nos convertimos” todos en Roberto Baradel, Hugo Yasky o Marta Olinda Maffei ¿no?… (Perdón nuevamente… ¿lo dije o lo pensé?)

Hugo Yaski, Luis Alberto Spinetta y Marta Maffei en la Carpa Blanca

Bueno, me remito a esto de Roma, para adentrarme un tiempo más acá y desde este lado del charco, en donde hubo un tal Bernardino Rivadavia al que quizás le podríamos decir “Berni” si les gusta… o para ser más específicos Bernardino de la Trinidad González de Ribadavia y Rodríguez de Ribadavia, -todavía no entiendo porque se pasó de la B (de bestia) a la V en su apellido, pero bueno, cosas raras e incompresibles, tanto como que el mismo portador (es decir Bernardino) llegue a ser presidente y un procer-, del cual, uno de los principales biógrafos diría que había ido a Europa “en busca del calor definitivo para sazonar la fruta del árbol cargado de yemas que cultivó en la reforma: iba en pos del último aliento para volcarnos la civilización de Europa al Plata, animado de una grande fantasía…

(…) Camina lentamente en actitud tan majestuosa que es casi sobrecogedora. Las manos a la espalda, como si quisiera contrabalancear el peso de su voluminoso abdomen.

(…) Vivió actuando bajo la sugestión del traje y del vocablo. Y resultó, a su manera, el más perfecto “dandy” porteño… La dignidad consiente le hizo actuar con tono grave… resumida en el estilo egoísta de sus cartas. El prócer se quiso a si mismo… El ropaje de sus ideas y las prendas de su indumentaria le estereotiparon la personalidad de “dandy”. No resultó por múltiples razones un espécimen del género que exaltó el Bello Brummel en los salones mundanos de Londres o París, pero atravesó su tiempo quemándose en la misma llama; no le faltó en el recibo criollo la dama apuesta que lo tildara de “precioso”, ni a su regreso de Europa, en 1825, aquella desbordante “precipitación de posteridad” que le hizo difundir su figura en bustos de yeso…” (1)

Fuuuuaaa… y más veces fuuuuaaaa… ¿Todo eso hizo Rivadavia en Europa? ¿Así lo pueden llegar a ver cuándo pasea su figura en los salones del viejo continente o al regreso del mismo? ¿A quién se le ocurre ser tan poético para exaltar la figura de un hombre? Más aún si ese hombre es Bernardino… Pero claro, todo tiene una explicación, a los hombres que escribieron la Historia Oficial, a los Mitre –en este caso Ricardo Piccirilli- y demás, les encanta apelar a idílicas imágenes, cuando no a enmarañadas disquisiciones filosóficas a la hora de explicar o rendir homenaje a sus próceres idolatrados… y cuando éstos no tienen en verdad ningún mérito para ser festejados, parece ser que más grandilocuente es el palabrerío que se emplea. El propósito está en impresionar al lector haciéndole creer que están frente a un gran hombre imprescindible, alzado a alturas metafísicas y comprender que en tan pomposos relatos o descripciones, estamos frente a la grandeza de una eminencia.

Es así que estos prohombres levantan polvareda con su vuelo rasante, pudiendo apabullar a cualquier desprevenido lector, que se sentirá un pobre tipo al que solo le queda arrodillarse ante el ídolo como lo haría frente a cualquier deidad –en caso de creer de deidades, claro está- a la que obviamente hay que venerar con respeto cuasi religioso.

Es así que nos han vendido gato por liebre, hemos estado en presencia de personajes que fueron elevados al cielo de los próceres, cuando en realidad no han ni carreteado por el curso de la historia, pero que a pesar de eso y muy a pesar de nosotros, en este caso, ustedes lxs lectorxs… estos personajes como Rivadavia, sobrevivieron a su tiempo y están en lo más alto del Olimpo de nuestra historia, mal me pese… y eso lo digo con pleno convencimiento.

Estamos rodeados de Rivadavia… en muchas ciudades, como la nuestra, don Bernandino cambia el nombre de las calles que intentan atravesarlo y no lo logran; en otros pueblos, incluso será Avenida, dará nombre a las principales plazas, monumentos, colegios, bibliotecas o instituciones culturales y deportivas, algo que nosotros los zaratocas, le escapamos, por suerte…

Ha sido homenajeado con billetes, monedas, estampillas, “etapas históricas” y hasta cuadernos y hojas de carpeta… -¿Cómo no hablar de “La Época de Rivadavia”?- radios y de las formas más curiosas, como por ejemplo siendo nombrado un “sillón presidencial” que en realidad nunca existió… pero bueno, la historia de Calendario, nos transformó a este muchacho regordete en alguien que superó todos los pronósticos, propios y extraños, lastimosamente…

Pero mucho de todo esto que se dice que hizo, no pasó más que del mero decreto, del papel ministerial, que solo dejó constancia de su gran visión o “fantasía” a decir de Piccirilli, pero nada más que eso; las escuelas, desagües, alcantarillas, ochavas, empedrados y luminarias no pasaría más que el “sueño de la tinta”. Mientras que para esa época, San Martín andaba penando por ayuda para poder concluir su campaña libertadora, ya en su última fase peruana y con una eminente guerra con Brasil, que haría estragos, no solo en las arcas, sino también en la política de nuestro país.

Mitre lo había definido como “El hombre que se adelantó a su tiempo”, que no era otra cosa que el justificativo poético de la historia oficial para decir que los proyectos rivadavianos no superaron el plano de las fantasías… lo que no ha impedido que a pesar de esto se lo convirtiera en el prohombre que jamás debió haber sido.

Como el prócer no acertó en una sola de sus fantasías concebidas y ejecutadas a destiempo –es decir, cuando las condiciones se oponían a las mismas-, la enseñanza oficial invirtió los términos y en lugar de proponer a Rivadavia como el hombre que actuaba a destiempo, lo propuso como el hombre que se adelantó a su tiempo de manera tal que del desacuerdo de las cosas de Rivadavia con el tiempo, tiene la culpa el tiempo y no Rivadavia…” (2)

Siguiendo con Berni Rivadavia… llega a Inglaterra, por su viaje diplomático y de “negocios” –deberíamos decir negociados, para ser más explícitos-, periódicos como Times y The Sun lo reciben con grandes elogios, obviamente previo pago a un agente inglés para que distribuyera generosamente 300 libras esterlinas para ganarse el respeto de los medios británicos, solo como seña, porque después dicho agente apellidado Hullet –de la casa Hullet Brothers, y vieron que con los “Brothers” no nos iba tan bien en los negocios a los argentinos, siempre terminaríamos siendo víctimas de sus intrigas y dueños de sus deudas- retiraría 6000 libras más del empréstito para “gastos de la misión” de Bernardino…

John Baring, Francis Baring y Charles Wall

Eran tiempos que en Londres se inflaban globos de colores para que los ahorristas invirtieran en empresas lucrativas en estas regiones tan distantes… o mejor dicho, les vendieran los financista ingleses “cuentas, pulseras y piedras de colores” a cualquier ahorrista desprevino que podría llegar a caer en las garras de estos pícaros y por ende de Rivadavia, quien tenía la autorización del gobierno de Martín Rodríguez para gestionar la formación de una sociedad destinada a explotar las minas de oro y plata en el Río de la Plata… pingue negocio, si los hay… y si el mismo se podría llegar a realizar, claro está… Era tal el negocio que se pergeñaba que incluso el principal socio de la casa londinense John Hullet era designado como cónsul general del estado de Buenos Aires en Londres, con sueldo del gobierno y todo, a pesar que posteriormente se rechazara su designación “por sentido común y decoro…”

De todos modos, Rivadavia insistiría en sus negocios y en 1824 formaría “Princes of the River Plate Mining Association” a la que se transferiría los derechos antes rechazados, por la explotación minera. Lo importante no eran los rechazos, sino la insistencia para lograr el cometido y obtener ganancias lo más pronto posible; así es nombrado presidente del directorio de Buenos Aires con un sueldo de 1.200 libras anuales.

“… el 24 de noviembre de 1823 el ministro Rivadavia había otorgado al ciudadano Bernardino Rivadavia, lo transfiere a su vez a Bernardino Rivadavia, Presidente del Directorio de la Minning Association previo pago –por la Association- de una prima o bunos de 30.000 libras esterlinas[y acciones] que vende de inmediato, demostrando de ese modo tan original la poca fe que tenía en la empresa…” (3) [el resaltado en negritas en mío, en pleno uso de mis facultades mentales]

De inmediato se lanza la venta de las acciones y la campaña para demostrar la riqueza minera, en particular la de las minas del Cerro de Famatina, que se encuentra en La Rioja y en donde tenía su plena influencia Facundo Quiroga.

Podemos afirmar sin hipérbole que (las minas de Famatina) contienen las riquezas más grandes del Universo… de la que dan fe miles de testigos: en sus campos (de Chilecito) el oro brota con las lluvias como en otros la semilla… las pepitas de oro, grandes y pequeñas, aparecen a la vista cuando una lluvia lava el polvo que cubre la superficie… después de una lluvia algo fuerte una señora encontró a pocas yardas de su puerta una mole de oro que pesaba veinte onzas; otra, al quitar unas mantas de yuyos de su jardín descubrió en las raíces una pepita de tres a cuatro onzas… cuando se barren los pisos de las casas o se limpian los establos, siempre se encuentra oro confundido entre el polvo… estos casos ocurren tan frecuentemente que exigiría mucho más detallarlos…” (4)

El problema estaba, no solo en esta sarta de mentiras panfleteadas desde Londres y bien pagadas por Rivadavia y sus socios, sino que además, las minas de Famatina estaban siendo explotadas por empresas locales, respetando la autonomía provincial, según lo expresaba la mismísima ley rivadaviana, la Ley Fundamental, y para sumar dificultades para los ingenuos inversores británicos que cruzaron el océano en busca de fácil riqueza, la empresa local contaba entre sus socios al mismísimo Facundo Quiroga, que no solo era un abierto enemigo de Rivadavia, sino que además tenía “pocas pulgas” como para andar soportando reclamos sobre sus intereses. Recién de manera parcial la situación fue salvada a favor de los inversores, cuando se crea en Poder Ejecutivo Nacional, a cargo de… ¿adivinen quién…? ¿Qué otro podría ser que el mismo Rivadavia?… Sí, el mismo que como ministro se había nombrado presidente del Directorio y ahora pone en funcionamiento los engranajes para transformarse en el “primer presidente argentino”, dando comienzo a la leyenda del “sillón de Rivadavia”

Y es así que entre “gallos y medianoche” –como dice el refrán- en pocos días sale la Ley de Presidencia, con el objetivo de crear un Poder Ejecutivo Nacional permanente, con el objetivo de ser el mismo el que asuma el poder…

(…) El remedio está en elevarse a la altura de las calamidades para conjurarlas… no puedo demorar por más tiempo la instalación de un Gobierno Nacional… grave ha de ser el peso de la responsabilidad que ha de caer sobre quien se encuentre obligado a tomar sobre sí el peso de tan inmenso mandato… tan pronto que sea nombrado procederé a procurar la sanción de la ley para el contrato de la compañía…” (5)

Al poco tiempo asumiría él mismo “el peso de la responsabilidad” y rápidamente se abocaría a la sanción de la Ley de Consolidación de la Deuda, que declaró a las minas de Famatina –antes en manos provinciales y de Quiroga- de propiedad nacional y bajo la administración del presidente de la República, que no era otro que el que había sido ministro y nombró a sí mismo como presidente del Directorio de la Minning Association, cerrando de manera perfecta el círculo de negociados.

Repito todo esto de “presidente de la República, que no era otro que el que había sido ministro y nombró a sí mismo como presidente del Directorio de la Minning Association”, para que les quede en claro quien fue este Rivadavia, que desde el poder seguirá haciendo de las suyas; mucho más de lo que logró hacer desde las sombras, entre manejos, negociados, empréstitos y “obras en el papel” que lo “adelantó a su tiempo”, cuando el propio tiempo no estaba preparado para recibirlo, según destacan sus panegiristas, adulones y lisonjeros como Mitre…

Recuerdan que al principio dije… el significado de las palabras suele cambiar mucho con el tiempo, y hasta se podría hacer un comentario ingenioso sobre el sueldo actual de loa magistri, es decir, los maestros y los ministri, los ministros…

Bueno, cuando piensen criticar a un magistri… piensen en los ministri, tipo Rivadavia, Barrionuevo, Dujovne o el “gran escapista” Pepín Rodriguez Simón…

Hasta la próxima…

  1. Piccirilli, Ricardo; “Rivadavia y su tiempo. Tomo II”; Bs. As.; Editorial Peuser; 1943; páginas 86 a 91
  2. Jauretche, Arturo; “Manual de Zonceras Argentinas”; Ed. Peña Lillo; 1982; página 153
  3. Ortega Peña, Rodolfo y Duhalde, Eduardo; “Facundo y las Montoneras”; Ediciones del Pensamiento Nacional – Colihue; 1999; página 62
  4. Rosa, José María; “Historia Argentina. Tomo IV”; Ed. Oriente; Bs. As.; 1964; página 38
  5. Idem, página 45
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