25 febrero, 2024

Soberanía informática y corporaciones

El lado tecnológico del conflicto ruso-ucraniano y la supuesta neutralidad de los gigantes de Internet. El apagón digital y las consecuencias para Rusia.

En estos últimos días ha ocurrido un hecho sin precedentes de peso: corporaciones que se presentan ante el mundo como presas de unión y neutralidad han tomado parte en una guerra. El Imperio GAFAM ha atacado a Rusia. Para quien no desee leer el artículo que escribí al respecto, GAFAM es el acrónimo que corresponde a los cinco mayores gigantes tecnológicos del mundo: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft. Más aún, Biden las está presionando para ir más allá y generar un «apagón digital».

Reflexionar sobre la importancia de esto es fundamental porque muestra que todos los países del mundo, y muchos de nosotros en mayor medida que Rusia, estamos sujetos a ser tecnológicamente destruidos por empresas que históricamente se nos han presentado como «neutras» pero que no toman ni han tomado medidas similares en el pasado ante otros conflictos, mostrando que han renunciado a toda pretención de neutralidad.
Nótese que en el presente no abordo el conflicto ruso-ucraniano en si ni sus causas, porque no aspiro a tocar el tema sobre si el conflicto justifica algo así, me interesa en cambio reflexionar sobre si algo así debiera dejarse ser posible, toda vez que si lo es siempre hay alguien decidiendo que lo «justifica» y les garantizo que no soy yo ni son ustedes, por lo que debatir si lo creemos correcto en éste caso es totalmente irrelevante: si aceptamos que sea una posibilidad, la decisión del «cuándo» va a ser de alguien más, es un hecho.

Pero ¿qué es exactamente de lo que estoy hablando? Actualmente Google está dando de baja Google Maps en Rusia, también ha cerrado la aplicación Google Play, que es la que permite instalar apps en celulares que usan el sistema operativo Android, Apple está haciendo lo propio con los iPhones, entre ambas empresas poseen casi el 100% del mercado de sistemas operativos para celulares. En castellano plano y sencillo: ningún celular va a poder instalar apps o actualizarlas, lo que eventualmente también permite deshabilitar las ya instaladas, principalmente las de comunicación, como whatsApp, que dependen de compatibilidad entre la app instalada y los servidores, lo que fácilmente se puede «romper» con una actualización que esos teléfonos no podrían realizar.
Sumemos a eso que Google está avanzando sobre la posibilidad de cerrar todos los sitios que lo usan para validación de identidad y que varios sistemas de pago electrónico, como el de Apple o, indirectamente, PayPal dejarían de funcionar. Por su lado, Facebook siguió otra estrategia: marcar con advertencias como fuente dudosa las noticias que provenían de fuentes cercanas al gobierno ruso pero no hacerlo con las que provenían directamente del ucraniano, por ejemplo, incluso las que terminarían por ser falsedades propagandísticas. Consecuentemente fue Rusia quien termino bloqueando el acceso a Facebook (y a Twitter) a lo que las empresas respondieron con acusaciones de censura.
Remarco: impedir a la gente bajar whatsApp, publicar en sus blogs o actualizar sus páginas no parece ser censura si lo hace una corporación pero bloquear el acceso a una plataforma por parte de un gobierno si.

Surge entonces una pregunta, ¿hasta que punto estamos expuestos como país?
Para responder habría que señalar que a lo ya enumerado debemos sumar que una gran cantidad de los servidores de empresas usan servicios de Microsoft y Amazon, o sea, caerían páginas web a mansalva, la mayoría de las apps de comunicación se verían afectadas, los celulares pueden en su totalidad ser vueltos inútiles, las computadoras mismas podrían ser inhabilitadas, al menos si tienen conexión a Internet, sufriendo en menor medida el impacto las computadoras con sistemas Linux, aunque dudo mucho que no encontraran una vuelta para inutilizarlas o limitarlas igualmente.

Ese sería el capítulo servicios, la cuestión solo se pone peor. Nuestros celulares tienen permanentemente el micrófono abierto (si, está demostrado científicamente y no por gente que use gorritos de papel aluminio) y las compañías, incluyendo las telefónicas, usan una red de servicios muchos de los cuales son internacionales. Eso, combinado con que ubicar celulares es muy sencillo si hiciste el sistema operativo, implica la posibilidad de detectar y analizar que decimos cada uno/a de nosotros/as, determinar nuestras posiciones políticas y nuestra ubicación con algunos metros de margen de error. Básicamente, lo único que evita la eliminación selectiva de quien no cumpla con un perfil dado es la falta de voluntad de ejecutar semejante genocidio, las herramientas técnicas están.

Saliendo del terreno de lo hipotético y volviendo a la realidad, hace algunos meses tuvimos caídas de whatsApp y Facebook causadas por problemas con sus DNS (que son, poniéndolo simple, los servidores que hacen que al escribir un dominio, como «facebook.com» en nuestros navegadores lleguemos a Facebook, también los usan las apps), recuerden como afectó al comunicación, y duró solo una horas. Una caída intencional de los DNS del mundo respecto a un país puede efectivamente aislarlo informáticamente.

Todo esto nos deja una moraleja: es menester que los países tomen medidas para limitar el impacto de este tipo de ataques o cederán de hecho su soberanía informática. Algunas medidas simples ya hay países implementándolas, por ejemplo la UE prohibiendo a Facebook tener datos de sus ciudadanos en servidores por fuera del territorio Europeo (que dicho tal cual es imposible sin aislar a Europa, pero con algún ajuste de letra chica es una medida razonable). Otra medida sería regular la circulación de paquetes TCP/IP (que son los pedacitos de información que enviamos y recibimos cada vez que usamos Internet) de forma tal que comunicaciones internas de, por ejemplo, Argentina no impliquen que el paquete pase por servidores por fuera de nuestras fronteras y lo mismo, por ejemplo para comunicaciones dentro de bloques de países como podría ser el Mercosur. También sería menester presionar a los gigantes informáticos para que sus operaciones no dependan de servicios exteriores salvo en casos imprescindibles.
Quien escribe dista de ser un experto en redes y seguridad informática por lo que lo antedicho no pretende más que disparar debates sobre si son o no posibles dichas medidas o similares sino simplemente disparar un debate necesario: como la hipercomunicación nos deja vulnerables a los caprichos corporativos y que podemos hacer para no estar totalmente a su merced.
Un último dato de relevancia: existe solo un país en el mundo en condiciones de dar batalla en caso de un ataque de este estilo por parte de las corporaciones norteamericanas: China. No es un dato menor: defenderse es posible.

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