Olivia Sola

Otra mañana de martes, y vuelve Olivia. Tercer relato breve de Soledad Mc Nally.

Relatos Breves III

La tarde tenía un dejo de locura. Las nubes se movían con rapidez y Olivia intentaba pensar. Desde hacía mucho tiempo, intentaba recordar donde había guardado su valentía. Tenía las manos húmedas, los nervios le jugaban siempre una mala pasada. Tenía el aroma de los jazmines casi maduros, de la tarde dulce de primavera. Olivia enredaba su pelo, tan oscuro hoy que en nada se parecía a su suave melena castaña, esa misma melena que solía adornar con la cinta azul intenso. Lleva el pelo suelto como casi siempre, como cada día donde la rebeldía le agitaba la sangre. Seguro la cinta había quedado escondida en el fondo del cajón de la vieja cómoda de su abuela…si justamente ahí donde quedo escondida su valentía.
Ella camina mirado hacia atrás. Hace tiempo que una sombra la persigue, se alienta pensando que las chicas solitarias tienen el valor en las venas.
El mundo está lleno de gente sin alma. Al menos en el mundo de Olivia era así. Hace un par de días que busca su reflejo en alguna mirada y nada sucede. Camina con pasos lentos, como si intentara que el pasado la alcance. A veces le roza la espalda y con eso ella vuelve a sonreír. Tiene su morral lleno de historias, de ensayos, de algunos renglones sin punto final. Ella vive libremente presa de su único amor. Porque si hay algo que Olivia sabe, es que hay un solo amor. Esos ojos verdes que no la dejan dormir.
El viento denso de esta tarde húmeda solo la pone más irritable que de costumbre. No, no era su pelo lo que no podía gobernar, eran sus sentimientos y la amargura que Olivia muerde por amar descaradamente.
Entra a su casa y se entrega en su sofá. Ese cuarto pequeño, con la ventana desmedidamente grande, con blancas y volátiles cortinas blancas que no se interponían con la necesidad de sentirse libre, la única razón para que Olivia lo pudiera habitar sin perder la calma en el encierro. Olivia tiene las alas demasiado grandes para sentirse cómoda en cualquier lado.
El viento denso de esta tarde húmeda solo la pone más irritable que de costumbre.
No, no era su pelo lo que no podía gobernar, eran sus sentimientos y la amargura que Olivia muerde por amar descaradamente.
Olivia hoy se va dormir aferrada a su recuerdo, agotada por el llano y sin cenar.


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NTETA
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