Zárate 1982: Malvinas… paredón y después (Primera Parte)

Nuestro “Traficante de Historias”, el profesor Ariel Núñez, comparte el clima de 1982, la reacción de políticos y periodistas a la invasión de Malvinas.

Llego a un momento crucial de esta historia del “Pago Chico”, en años de plomo, Terrorismo de Estado y colaboradores cívicos que cantaron loas al Proceso genocida, que sumergió al país en una vorágine de miedo, desapariciones, torturas, deuda externa y demás cuestiones que hicieron de aquellos tiempos un verdadero infierno dantesco…

Son tiempos de guerra, palabra que tanto fue nombrada para justificar todo un aparato represivo y que, en 1982, convertida en una realidad “constante y sonante”, hace de esos tiempos una herida que perdura aún hoy, a 40 años en la memoria colectiva del pueblo argentino.

Ahora “la guerra” era en realidad “una guerra”, veremos cómo se comportó la sociedad zaratoca frente a ella, nos sumergiremos en la historia de los verdaderos héroes de esos tiempos, que aún hoy, siguen entre nosotros, siendo parte de nuestra sociedad…

A todas las personas que se toman en tiempo en leer estas líneas, sepan –aunque suene reiterativo- que a nuestro lado caminan hombres –no hago referencia a las Mujeres de la Guerra, porque a ciencia cierta no tengo datos de mujer alguna de nuestra localidad y zonas aledañas que fuera parte de la contienda bélica, así que de paso dejo la inquietud, por si alguien sabe o tiene datos, que los acerque, porque bien vale la reivindicación de cada persona que fue parte de lo ocurrido en las Islas del Atlántico Sur-, que siguen peleando sus batallas por el reconocimiento y que no solo se acuerden de ellos, en abril de cada año.

Tuve la posibilidad de entrevistar a lo largo de mi tiempo de escritura de los libros, a un combatiente Víctor Abel Morales, del que voy a hacer referencia más adelante… y, hace apenas unas semanas conocí a otro, el señor Ramón Nosiglia, por una conversación con mis [email protected] del CENS 451 y debo decir que me emocionaron sus palabras, e incluso el video que se logró hacer con ellas, con la participación de todo el curso de 3ero Micro, que de alguna u otra manera colaboró en cada detalle, para que todo salga medianamente perfecto.

Así que a Ramón Nosiglia, y en él, a cada combatiente, familia, [email protected] de cada soldado zarateño y de zonas cercanas, a cada mujer desconocida por mí, a cada persona que sufriera y esperara noticias desde la Isla, va mi dedicatoria.

¡Y cuando crucen, vean o tengan la posibilidad de estar con ellos, por favor, aliéntenlos, abrácenlos, salúdenlos como si lo hicieran con el mismo Diego del 86 o con el Messi del 2022… no por querer compararlos, sino porque quiero que lo hagan con la misma efusividad, como si estuvieran frente al máximo ídolo jamás conocido, porque ellos son eso… NUESTROS HÉROES… ayer, ¡hoy y siempre…!

Este capítulo estará marcado por lo publicado en su debido tiempo en “De Solitarios…” –como viene ocurriendo hasta ahora- y enriquecido con data actualizada y demás aportes que creo oportuno agregar, así que a la distancia, espero que Miguelo, allá desde donde seguramente sigue cada movimiento y relato, sepa perdonar “mis herejías histórico-literarias” …Nuevamente apelo a que lleguen hasta el final del escrito, incluso las notas, que tienen datos que son importantes para el desarrollo de esta primera parte zaratoca en tiempos de Malvinas…

“Se va acabar…

se va acabar…

la dictadura militar”

(………………………………………….)

“Paredón, paredón…

paredón, paredón…

a todos los milicos que vendieron la nación”

(Cantos populares post-Malvinas)

Los aviones británicos que sobrevolaban Malvinas arrojaban panfletos para las tropas argentinas diciendo, “hagan como el capitán Astíz. Consciente de la superioridad numérica de las fuerzas británicas, se rindió con todos los honores”

(En: Astíz. La estirpe de Caín)

Zárate era una comunidad que no escapaba a las características generales de las otras localidades del país, y dentro de esta particularidad, cualquier conflicto nacional repercutía imperiosamente en nuestra sociedad; así, la situación cambiante en el gobierno del Proceso trajo consigo ciertas preocupaciones como, por ejemplo, el crédito gestionado por Celulosa Argentina para poder solucionar su situación de crisis; conflicto que no era nuevo, ya que la política nacional, sumada al mal manejo de los dirigentes de la empresa, llevó a la misma a la situación calamitosa de ese momento. El problema surge, en parte, por una situación de “arrastre” que venía de 1978, por la “dificultad” del empresariado papelero de realizar los aportes obligatorios en la obra social, a pesar de hacerle el sindicato, el correspondiente juicio civil –que finalizó en una querella penal, que el gremio ganaría en juicio (1)– y el atraso en el pago de los salarios; buscándose la solución con un préstamo gestionado ante el gobierno nacional (bajo la presidencia de Viola) y que quedaría a decisión del gobierno entrante de Galtieri y un plan de reactivación económica en el que jugaría un rol importante la venta –por licitación- de zonas forestales y plantas fabriles como Electrocor, Witcel (en la zona, pegadita a la planta de Celulosa y hoy convertida en polo cultural del gobierno municipal), Cartone, Fabinor y Editorial Crea. El aporte del gobierno fue vital para destrabar el conflicto, pero no mejoró la situación del trabajador papelero, que se fue deteriorando en los años siguientes.

            Zarate, entonces fue una simple muestra de toda la crisis que se estaba gestando a nivel nacional, y como reflejo de una tensión social vivió el cambio del “cuarto hombre” con expectativa y tensión, más aún porque en nuestra localidad había hombres muy cercanos al gobierno depuesto –centrado esto en la agrupación liderada por Alfonso, muy afín a la ideología del presidente “enfermo y destituido”- y por tal motivo el reemplazo en la presidencia cambiaba el tablero político, lo que significaba que había que saber ganar espacios dentro de un gobierno nacional más duro y renuente a la “apertura política”, y partidario a perpetuarse en el régimen por un tiempo indeterminado, apelando inclusive a una guerra como arma para sacar réditos personales y obtener prestigio y aprobación social.

            Posiblemente “Malvinas” fuera una idea que rondaba por la alcohólica mente de Galtieri desde tiempos previos de tomar el mando como Comandante en Jefe; la política de no pasar “a retiro” por su cargo militar, como sí lo habían hecho los demás encargados del Poder Ejecutivo Nacional demostraría, en forma parcial, tal teoría. Parcialmente, porque desde años anteriores existían planes y proyectos de invasión a las islas y los sucesos previos al desembarco, no son otra cosa que la búsqueda de una situación desencadenante del conflicto. La Junta esperaba que la reacción de Gran Bretaña fuera solo diplomática, e inclusive creía que contaría con el apoyo de los EE.UU. ante un “posible conflicto”; además sería una jugada política, ya que le daría el prestigio popular que suplantaría el vacío de carisma existente en su persona, para así poder ser un “demócrata” que encabezaría la transición institucional del país. Así el tema de las islas del sur se transformaba en una partida de ajedrez, disputada entre un militar argentino sin carisma y con un gobierno desacreditado, actuando como jugador inexperto y una Primera Ministro de una potencia mundial, que a su vez vivía el mayor nivel de crítica social e impopularidad en su país, pero que sabía cómo moverse en las tormentosas aguas de la diplomacia internacional.

            Para fines de 1981 el empresario Constantino Davidoff –que había amasado fortuna levantando el tendido de la telefonía, que pasaría en los años setenta progresivamente hacia los satélites, dejando obsoletos los cables que dormían en el lecho oceánico, cerca de las costas de Argentina, Uruguay, Brasil, cien, doscientos metros bajo el agua-, se trasladó en el buque Almirante Irizar, con el objetivo de “inspeccionar” unas instalaciones balleneras que había adquirido en la Isla San Pedro; regresando a la isla por segunda vez en marzo de 1982, con el pretexto de desarmar las antiguas instalaciones balleneras e izando la bandera nacional, siendo esto una provocación directa hacia los ingleses, que no tardaron en reaccionar.

            Este empresario lideró la excursión hacia las Islas Georgias, en marzo de 1982, junto a una tripulación compuesta de mecánicos y chatarreros. Davidoff siempre expresó que el objetivo de esa misión era desguazar las factorías con la intención de vender los materiales al peso, una vez trasladados al continente. Los científicos ingleses que moraban en las Georgias advirtieron a Londres de la presencia de los argentinos, que a fines de marzo de 1982 izaron una bandera celeste y blanca, y a partir de ese hecho todos los acontecimientos se desarrollaron de manera vertiginosa.

Con el arribo de militares argentinos, entre los que se encontraba el genocida Alfredo Astiz, los chatarreros y Davidoff estuvieron en el Atlántico Sur cuando se dio el enfrentamiento inicial entre ambos ejércitos: los primeros disparos y muertes se produjeron en las Islas Georgias. Los chatarreros, quienes se habían embarcado seducidos por la idea de hacer una diferencia económica, nunca pudieron creer por completo la idea de que Davidoff fuera una víctima, un ingenuo; para algunos de ellos, el empresario articuló la operación en arreglo con los militares argentinos, quienes buscaban con la gesta absurda de la guerra mejorar la decadente opinión pública que empezaba a cuestionar seriamente el poder y la continuidad de la dictadura cívico-militar.

Las Islas Georgias, en donde se encontraba un enclave ballenero noruego, fueron en su momento la capital mundial de la caza de ballenas. A fines de 1912, ocho factorías tensaban al máximo las bondades de los cetáceos: combustibles, aceites, químicos, pieles, fertilizantes. Se calcula que se faenaron más de 175 mil ballenas en seis décadas de intensa actividad, 9 millones de toneladas de materia prima. A principios de la década del sesenta, cuando la cantidad de ballenas comenzó a ser crítica, pero principalmente porque el aceite derivado de ellas perdió valor de mercado (la economía mundial se volcó sobre otros fósiles) la industria se tornó inviable. Para 1965 no quedaba prácticamente nada, a excepción de hierros y metales.

“[…] El incidente fue más favorable a los británicos porque pudieron sobreactuar la reacción ante la presencia de los argentinos para tomar la iniciativa a nivel diplomático, empezar a mover su maquinaria bélica y reclamar apoyo social para lo que sabían que se avecinaba por informes de inteligencia: la reconquista por parte de los militares argentinos de las Malvinas. Para la Junta Militar, por el contrario, el episodio complicó la “Operación Rosario”. Los militares argentinos pretendían, para su utopía de ocupar y luego negociar, que las aguas se mantuvieran lo más calmas posible. Georgias produjo el efecto contrario porque los británicos lo aprovecharon a su favor.

[…] La diferencia entre unas fuerzas armadas pobre y otra rica se ve muy claramente en el episodio de las Georgias. Las islas del Atlántico Sur en poder británico son un resabio colonial, de eso no hay duda. Ahora bien, sin una estrategia a largo plazo y pegándonos tiros en los pies como en el 82´, nunca volveremos a tener el control territorial. Si bien la Armada Argentina en las Georgias hizo todo mal, previamente y desde principios del siglo pasado venía trabajando a conciencia para ampliar la presencia argentina en las islas, aprovechando la cercanía y el anhelo colectivo de reconquistarlas. La “Operación Alfa”, comandada por el genocida Alfredo Astiz, que se solapó con el viaje de los trabajadores, se generó en esa línea: ocupaciones de facto. La irrealidad de suponer que podíamos desembarcar masivamente en las islas sin que hubiera consecuencias por una posterior voluntad negociadora, arruinó la ocupación silenciosa que se venía probando con buenos resultados. (2)

Inmediatamente después de este incidente, se realizó desde Londres la protesta correspondiente y se dio la orden de que fueran rumbo a Malvinas submarinos atómicos y otras fuerzas navales; mientras que, desde nuestro país, se enviaban “tropas especiales al mando del represor Astiz (3), para que apoyara cualquier intento de expulsión de los trabajadores argentinos, entre los que había infiltrados militares.

Es inquietante la presencia de Astiz en las Georgias. Después de infiltrarse entre las Madres de Plaza de Mayo, marcarlas con un beso, participar de los vuelos de la muerte, hace de las suyas en las islas del Atlántico Sur…  “[…] El verdadero Astiz fue surgiendo cuando las cosas se pusieron difíciles en las Georgias y el conflicto con los británicos aparecía como inexorable. Ahí ya no fue ni tan simpático, ni tan encantador y el coraje y condición de guerrero superlativo que se adjudicaba se fue desvaneciendo. Al final terminó explicándose a sí mismo y al resto que no había otra que rendirse. La verdad es que el marino despiadado con sus compatriotas civiles, cuando tuvo la oportunidad de mostrar su valor en igualdad de condiciones se acobardó, dicho por sus propios compañeros de armas… (4)

            La situación se había tornado insostenible, y a pesar de la “advertencia” del gobierno de EE.UU. sobre la delicada orientación que había tomado la cuestión Malvinas, la “Operación Rosario” –inicialmente bautizada Virgen del Rosario- seguía su marcha, y el 2 de abril, las tropas argentinas desembarcaban en Malvinas, y el gobierno que había sido repudiado a finales de marzo, era ahora un gobierno que revestía gran “popularidad”.

            Ni bien se produjo el desembarco en las islas, la sociedad en su conjunto se adhirió fervientemente al acontecimiento; parecía que el fantasma del “enemigo externo” terminaba de dar el golpe de gracia al “enemigo interno”, había una mancomunión general de la sociedad, pero también se entrelazaban sentimientos ambiguos; por un lado la crisis político-institucional en la que se había sumergido el país desde marzo de 1976 hacía que surgieran de manera cada vez más radicales conatos de oposición y resistencia cívica al régimen y todo lo que representaba, pero se contraponía ahora una alianza y un sustento “sentimental” por todo lo que representaban las islas, inclusive las Madres adherían al hecho de haberse recuperado las islas –a pesar de ser cuestionadas como apátridas-, pero recordaban y advertían, casi como un presagio al resto de la sociedad, que también que los desaparecidos eran argentinos, y como tal era un deber social el tener que “recuperarlos de la oscuridad del infierno dictatorial”. Pero las voces partidarias de “olvidar” disidencias internas se escuchaban con más fuerza, y los medios de comunicación, manipulados por el Estado, fueron fiel reflejo de dicha postura; aunque no podía ser de otra manera, se encontrarían disidencias dentro de la cúpula cegetista que los últimos días de marzo había sido violentamente reprimida al organizar y encabezar un paro con manifestación a Plaza de Mayo. El gobierno además aportó lo suyo a esta situación: liberó a algunos detenidos –casi todos de extracción gremial- y llevó adelante una campaña en los medios, resaltando los “valores heroicos” de las FF.AA. y ridiculizando a la Primera Ministra británica Margaret Thatcher. Entre los medios más duros y originales en esta campaña estaban las publicaciones de la Editorial Perfil (Revista Tal Cual), Editorial Abril (Revista Siete Días) o la Revista Gente, que trataron por todos los medios de silenciar a las voces opositoras y ganarse, no solo la solidaridad interna y la de los países latinoamericanos, sino también seducir al gobierno de EE.UU., inclusive, tentándolo con la posibilidad de la instalación de sus bases militares en la Patagonia.

Hasta aquí la primera parte de este año, ya en la próxima entrega estarán plasmados los recuerdos de Víctor Abel Morales y su testimonio sobre esos días en Malvinas…

Me pareció oportuno dividir esta entrega, para que la misma no resulte tan extensa en su lectura, pero no haber tomado una mala decisión… y tengan la paciencia debida para esperar la otra entrega…

¡Nos estamos viendo la próxima…!

Notas:

  • Nota de Autor: en 1979 Celulosa Argentina contaba con cinco plantas fabriles: Capitán Bermúdez y Andino (San Fe); Zárate y Bernal (Provincia de Buenos Aires) y puerto Piray (Misiones), las que en su conjunto abarcaban una superficie de 2.500.000 mt2. También integran el complejo industrial 4 centros forestales en Misiones, que comprenden las regiones de Puerto Piray, San Pedro y Garahupé en el Delta. Estos centros cubren una superficie de 110.000 hectáreas, con 40.000 forestadas (casi 60 millones de árboles). Frente a esta situación la empresa ofrecería inmuebles a cambio de la deuda, propuesta que no sería aceptada por la gente del secretariado gremial, el juicio continuaría adelante y con la plata cobrada por el gremio se adquiría el camping papelero. La situación financiera de la empresa sería “salvada” por un crédito otorgado por el BANADE. Después de varias décadas de luchas y conflictos, y un vaciamiento general de la empresa por parte de diversos directorios, Celulosa Argentina pasó a manos privadas en la década del ´90, como consecuencia de la política de privatizaciones del gobierno de Menem. En diciembre de 1999 se “rompe” la Caldera y la planta deja de funcionar definitivamente. Para la fecha (junio del 2001, cuando fueron escritas estas palabras) la empresa tiene sus puertas cerradas, sin personal en la planta, a excepción de 4 o 5 técnicos y personal de vigilancia –antiguos trabajadores papeleros-, dejando a miles de familias sin un sustento económico; posiblemente, su vecina Witcel siga el mismo y triste destino (vale aclarar que en la actualidad del 2022, esta última se transformó en un centro cultural, perdió parte de su terreno que fue ganado por el municipio para la recreación. Igualmente, todavía se pueden ver algunas máquinas viejas al pasar por el Paseo de la Costanera)
  • Gatica, Franco; “DESEMBARCO EN LAS GEORGIAS. Malvinas: fueron a buscar chatarra al Atlántico Sur y terminaron prisioneros del Ejército Británico”; Cba24n.com.ar (Diario Digital); sábado 19 de marzo de 2022
  • Nota de Autor: Alfredo Astiz es acusado de ser responsable de numerosas violaciones a los Derechos Humanos y actuar como torturador en la ESMA. En su carrera militar, basada en “victorias” sobre los que no tenían defensa y sus principales acciones como miembro de las fuerzas de represión, se desatacan las siguientes: se presentó como Gustavo Niño ante las rondas de Madres de Plaza de Mayo a finales de 1977, logrando infiltrarse en la agrupación. Desde allí, organizó y fue responsable de la desaparición en diciembre de 1977 de un grupo integrado por Madres de Plaza de Mayo, 2 laicos y 2 monjas francesas: Ángela Aguard de Genovés; Esther Bellestrino de Careaga; Remo Berardo; Raquel Bilit; Horacio Elbert; José Julio Fondevilla; Gabriel Eduardo Horane; Patricia Ovideo; María Eugenia Ponce de Bianco; Azucena Villaflor de Devicenti; Alice Domon y Léonie Duquet (estas 2 últimas religiosas francesas).

Posteriormente se infiltró entre los exiliados argentinos en París con el nombre de Alberto Escudero. En 1981, con su verdadero nombre figuraba como agregado naval en Sudáfrica; en 1982 se rendiría cobardemente “impecable y sin pelear” a bordo del buque de guerra británico “Playmount”. En democracia y bajo el gobierno de Alfonsín se beneficiaría con la Ley de Obediencia Debida; sería enjuiciado “en ausencia” y encontrado culpable y sentenciado a cadena perpetua en 1990 por el gobierno francés. Tiene pedido de captura internacional por ser el responsable de la muerte de las monjas Alice Domon y Léonie Duquet, y estar acusado además por la desaparición de Dagmar Hagelin, una ciudadana sueco-argentina a quien, según parecía, le había disparado en la frente una mañana, la había puesto en el baúl de un coche y la había llevado a un campo de concentración. En julio de 2001 la justicia argentina pidió la detención de Astiz en el marco de una causa de secuestro de ciudadanos italianos, por tal motivo dicho país pidió la extradición. Desde el viernes 13 del mismo mes se encontraba en dependencias de la Prefectura asignada al Grupo Albatros; según fuentes judiciales, el traslado se realizó por “razones de seguridad” y tras un planteo efectuado por el abogado defensor Fernando Glodaracena. El represor había manifestado temor por posibles agresiones en la División de Investigación Penal Administrativa (DIPA) de la Prefectura Naval, donde estuvo alojado desde su detención el día 01/07/2001. Las victimas italianas son: Ángela María AIETA (nacida en Italia, vivía en el país desde los 5 años), secuestrada en su casa el 5 de agosto de 1976. Varios sobrevivientes de la ESMA la vieron en ese centro clandestino de detención. Este año (2001), sus familiares pudieron acceder a un testigo que estuvo “colchón de por medio” con Ángela y presenció el momento en que los marinos la sacaron del lugar, aparentemente para matarla. En ese último minuto ella alcanzó a pedir que denunciaran que había estado prisionera en la ESMA. Juan y Susana PEGORARO, eran padre e hija. Fueron secuestrados el 18 de junio de 1977 en la estación de Constitución. Susana estaba embarazada de 5 meses; su esposo, Rubén BAUER, desapareció el mismo día en la ciudad de La Plata. Los Pegoraro fueron mantenidos en cautiverio en la Base Naval de Submarinos y Buzos Tácticos de Mar del Plata y en octubre fueron llevados a la ESMA. Allí Susana dio a luz y escribió una carta para que su mamá cuidara a la beba. La niña nunca llegó con su familia. Las Abuelas de Plaza de Mayo suponen que se trata de la joven que fue apropiada por el marino Policarpo Vázquez y anotada con el nombre de Evelyn, pero ella se niega hacer los análisis de sangre, por lo que su identidad no se pudo confirmar.

Op. Cit. Rosemberg, Tina; “Astiz. La estirpe de Caín”; Documentos Página/12; 1998

Página/12; lunes 2 de julio de 2001; página 2

Página/12; sábado 14 de julio de 2001; página 17

La Voz; sábado 14 de julio de 2001; página 4

  • Gatica, Franco; “DESEMBARCO EN LAS GEORGIAS. Malvinas: fueron a buscar chatarra al Atlántico Sur y terminaron prisioneros del Ejército Británico”; Cba24n.com.ar (Diario Digital); sábado 19 de marzo de 2022

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